DE MARCEL PROUST

A los 96 años de su muerte

Paris, 10 de julio de 1871 – 18 de noviembre de 1922


El recuerdo de las cosas del pasado,


no necesariamente es el recuerdo de las cosas como eran.



Marcel Proust

De Leonardo Padrón

MI CASA

Quiero compartir un fragmento de La casa grande del admirado escritor venezolano Leonardo Padrón, porque me siento, como tantos otros, profundamente representada en sus palabras. Así que desde este rincón, respetuosamente se las pido prestadas y las ilustro con algunas de mis fotografías.

“Mi casa, si me pongo específico, limita al norte con la fiesta que es el Caribe, al sur con la selva fantástica de Brasil, al oeste con kilómetros de vallenato, cumbia y hermandad y al este con la vastedad del Atlántico y ese litigio histórico, otra vez de moda, que es Guyana. Mi casa tiene el techo azul casi todo el año. Mi casa es un clima de mangas cortas y risa fácil. Mi casa tiene un catálogo de playas irrepetibles. Y si la camino a fondo me topo con la belleza de sus abismos de agua, con la neblina a caballo de sus páramos, con sus árboles redondos, con su sol de tamarindo y papelón”.

“Mi casa tiene 30 millones de habitantes. Tiene un océano de mujeres hermosas, nocturnas y sensuales. Mi casa es una geografía vehemente y delirante. La han llamado Tierra de Gracia, Pequeña Venecia, Norte del Sur, El Dorado, Crisol de Razas, Paraíso Perdido. En mi casa se baila en todas las esquinas, se toma cerveza sin piedad, se coleccionan abrazos, se hace el amor en cada vestíbulo, y se hace el humor hasta el amanecer”.

“En mi casa está mi infancia, mi ventana y mi lámpara, mi postre favorito, mi carro, mi lista de amigos, mi cine recurrente, mi ruta de librerías, mi estadio de beisbol, mi zona de costumbre y apegos. El sol nace y se pone en mi casa”.

“Resulta que mi razón de ser, lo que me explica y define, limita por todas partes con mi casa. Este es el domicilio de mis entusiasmos y obsesiones. Tengo una vida entera en ella. Y una vida entera es mucho tiempo. Es todo el tiempo. Una vida amueblada por mis años, mis logros y mis mejores fracasos”.

“Y sucede que a pesar de todo eso, tengo que explicar por qué no me quiero ir de mi casa”.


Leonardo Padrón

Poeta, guionista de cine y televisión, cronista, editor, locutor. Nace en Caracas, Venezuela, el 12 de Noviembre de 1959. Comenzó estudiando Letras en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), y posteriormente se dedicó a la docencia, trabajando en la UCAB, la Universidad de los Andes, la Universidad de Salamanca (España), el Museo de Bellas Artes, y el Instituto de Creatividad y Comunicación (ICREA). Ha agotado varias ediciones de sus libros y ha sido editado en Colombia, Argentina, Austria y Bulgaria. Premio de Poesía UCAB y Premio Fundarte de Ensayo. En el cine ha logrado el Premio Municipal de Cine, el Premio de la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos y el Premio Fundavisual Latina por películas que han roto récord de permanencia en cartelera.

 http://leonardopadron.com


 

La fiesta celta que se convirtió en Halloween

 

 

 

El mundo mágico de los Celtas se rige por la rueda del tiempo que marca ocho festividades fundamentales para el desarrollo personal. Estos ritos antiguos se relacionaban  estrechamente con los cambios estacionales, los solsticios, equinoccios, las épocas de cosecha y siembra.

Hoy nos interesa la celebración de SAMHAIN,  la noche del 31 de octubre, que marca el inicio del año nuevo celta, momento en el que se abren las puertas del sidh, o el más allá del Velo de la Niebla,  a mundos paralelos dando lugar a un periodo de introspección y meditación. Los orígenes de la popular celebración contemporánea de Halloween se remontan a esta antigua fiesta y proviene de la palabra celta “sa’uin”.

 

 

Celebraban el año nuevo el día 1ro de noviembre, que marcaba el final del verano y la cosecha, así como el comienzo del invierno oscuro y frío, una época del año que se asocia a menudo con la muerte humana y la introspección y que guarda un paralelismo en la naturaleza con el sol que pierde fuerza, hay menos luz y los ritmos de crecimiento de la naturaleza son más lentos.

Los Celtas creían que la noche antes del año nuevo era la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos cuya línea se volvía casi imperceptible. Pensaban que el espíritu de los muertos regresaba a la tierra y además de causar algunos problemas y dañar las cosechas, la presencia de los espíritus hacia más fácil las predicciones sobre el futuro para los druidas o sacerdotes celtas. Estas profecías eran una importante fuente de consuelo y dirección durante el largo y oscuro invierno para un pueblo totalmente dependiente de la naturaleza.

 

© Paloma García

 

La concepción del tiempo celta

El tiempo céltico se concibe como un recorrido circular que siempre regresa a la misma posición. El año está dividido en dos tiempos: el de  la luz y el de la oscuridad. El comienzo del año se considera como la llegada de la oscuridad, con la celebración de Samhain a primeros de noviembre. El periódo del año con luz se inicia con la celebración de Beltain el día primero de mayo.

Con la anteposición en importancia de la noche al día, la luna al sol y la oscuridad a la luz, los celtas comenzaban el año en noviembre, en el corazón de la instrospección y la oscuridad.

 


 

Los territorios celtas

En la cultura celta se aprecian dos grandes periodos dentro de la Edad de Hierro. Uno es el de Hallstatt, que se extendió entre los años 800 y 500 a.C., y el otro es el de La Tène, que duró entre 500 a.C. y 50 d.C..

Tuvo su núcleo en los Alpes extendiéndose por el centro y parte del este de Europa, Francia, oeste de la península ibérica, y las islas británicas donde habitaron durante siglos. Esos territorios  hoy los conocemos como Escocia,  Irlanda, el Reino Unido, el norte de Francia y el oeste de España.

 

La curz celta

 

Las Creencias

 

 

Según afirman la mayoría de las fuentes históricas, el festival de Samhain duraba tres días y tres noches. Se conmemoraba el inicio de la estación muerta del año, en la cual campos y seres vivos dormían a la espera de la próxima primavera. Así lo explica la doctora en historia Margarita Barrera Cañellas de la Universidad Complutense de Madrid en un interesante estudio.

Las creencias de los druidas afirmaban que, en la noche del 31 de octubre, la deidad Samhain convocaba a los muertos para que pasasen “al otro lado”. Es decir, del mundo de los fallecidos, al de los vivos. Estos espíritus podían llegar al “más acá” de dos formas atendiendo a si habían sido “buenos” o “malos”.

Si el dios consideraba que no habían cumplido con sus deberes, hacía que se reencarnaran en animales tras el ocaso. Por el contrario, aquellos que habían obrado acorde a lo que quería la deidad eran libres de visitar a sus familiares con su forma humana y pasar unas horas en sus antiguos hogares antes de regresar al limbo.

Era una celebración esotérica especialmente importante para los druidas quienes la consideraban como el momento más propicio para las artes mágicas y en especial, las adivinatorias y de predicción sobre el nuevo año.

El dios Samhain

Era, en definitiva, una jornada mágica en el sentido más literal de la palabra en la que el miedo a los muertos se mezclaba con la esperanza de recordar a un familiar que hubiese dejado este mundo, explica la historiadora española en su interesante investigación  que fue  publicada por la Universidad Complutense.

 

 


 

Los celtas creían que el 31 de octubre desaparecía el velo existente entre el presente, el pasado y el futuro.

 

 

La Ceremonia

 

Durante las celebraciones se practicaban varios rituales durante tres días. Se apagaban todos los fuegos que hubiese encendidos en las casas con dos objetivos: evitar que los espíritus errantes -los malvados- entrasen en las viviendas al considerarlas frías; y simbolizar la llegada de la estación “muerta” y oscura del año. De esta forma, los diferentes pueblos se quedaban totalmente a oscuras y solo eran iluminados por las hogueras gigantescas que los druidas encendían en las colinas.

Los druidas o clase sacerdotal celta encendían nuevos fuegos centrales en las colinas como símbolo del renacimiento de la naturaleza y de la vida durante la noche de Samhain.

En las inmensas hogueras que eran los “nuevos fuegos” que  preparaban los druidas como parte de la ceremonia, se quemaban principalmente ramas de roble, árbol sagrado para los celtas, y ofrendas de frutos, animales y todo tipo de objetos que los jóvenes reunían en los días previos a la celebración. ¿Cómo lo hacían? Mediante una tradición que se mantiene en la actualidad: pidiendo materiales de casa en casa para la gran hoguera. Al día siguiente en las cenizas y restos de huesos calcinados los druidas leían el futuro de la comunidad  para el nuevo año que comenzaba.

El fuego era un elemento central de la celebración de Samhain, pues se creía que con él se lograba espantar a los espíritus malignos que, enfadados por haber sido castigados por el dios de la muerte, se dedicaban a hacer tretas a los vivos.

Utilizaban trajes compuestos de cabezas y pieles de animales y danzaban alrededor de la fogata.

Durante tres días y tres noches se restablecía la comunicación entre los seres humanos y los seres mágicos: difuntos, dioses y  hadas. 

Las casas permanecían abiertas y la cena preparada para cualquier buen espíritu que se dignara a aceptar la hospitalidad o seres queridos que regresaban a visitar. 

Al finalizar la celebración se prendían nuevamente los fuegos del hogar, que se habían extinguido la noche antes de la hoguera sagrada, 

 

Prohibida y cambiada

La celebración de Samhain, tal como la practicaban los antiguos, continuó hasta el siglo I d. C., cuando los romanos llegaron hasta Britannia de manos de Claudio y sus legiones.

Para el año 43 d.C. el Imperio romano había conquistado la mayor parte del territorio celta. En el curso de los cuatrocientos años que gobernaron esas tierras, dos festivales de origen romano se combinaron con la tradicional celebración celta de Samhain. El primero fue Feralia, un día de finales de octubre, cuando los romanos tradicionalmente conmemoran el paso de los muertos. El segundo fue un día para honrar a Pomona, la diosa romana de la fruta y los árboles, especialmente de la manzana.  El símbolo de Pomona y la fusión de esta celebración con el Samhain da lugar a  la tradición de las manzanas presentes en Halloween.

Bajo el dominio romano estas fiestas fueron aceptadas pero el pueblo jamás olvidó sus creencias y las celebraba usando grotescas máscaras y danzando alrededor de una gran fogata pretendiendo que eran perseguidos por los malos espíritus, tal como en la antigüedad.

Con el paso de los años y aprovechando la civilización romana, la Iglesia Católica dio una vuelta de tuerca más al festival de Samhain para tratar de eliminar definitivamente las creencias celtas, consideradas paganas. Así, en el siglo VIII d.C. el Papa Gregorio III, implantó la fiesta de los Mártires Cristianos el día 1 de Noviembre, haciéndola coincidir con la fecha de la celebración de Samhain. Luego, el Papa Gregorio IV, en el año 840 amplía esta celebración a todos los santos del panteón cristiano.  Fue en esa época cuando se cambió el nombre del festival a  “All Hallow’s Eve”, término que derivaría posteriormente en el actual Halloween.

Día de todos los Santos (1423-24) – Fra Angelico – Pintura al temple sobre madera 31,9 x 63,5 cm  – National Gallery, Londres

 

 

 

 

 

En la actualidad el Festival de Samhain continúa
celebrándose en Escocia.

 

 

Filmado y editado por  Mariella Pacey en el  Beltane Fire Society’s Samhuinn Fire Festival 2015 el 31 de  Octobubre de 2015 en Grassmarket, Edinburgh, Escocia.

 

 

Espectáculo con motivo de la festividad de Samhain en el Castillo de Glamis, Angus, Escocia.

 


Nota del Autor

Cabe destacar que la cultura celta, especialmente sus ritos, mitos y ceremonias eran transmitidas por la tradición oral de los druidas a sus pupilos. Como cultura no dejaron un legado escrito. Por ello, la mayor cantidad de información que se tiene de estas tradiciones proviene de historiadores y autores romanos y griegos y posteriormente de los cristianos.

 


 

SI ERES AMANTE DE LA LITERATURA sobre mitos y leyendas esta es una buena lectura para la temporada.

 

El libro secreto de Merlín lleno de sorprendentes poderes, conjuros y encantamientos. Las claves para dominar los elementos de la tierra, el fuego, el agua y el aire y los símbolos mágicos. Aquí se hallan las fórmulas secretas para convocar a los espíritus, seducir a un amante, lograr buena fortuna, protegerse de los enemigos y predecir lo que habrá de suceder. Todos los secretos del poder mágico que tuvieron los antiguos celtas.

https://www.goodreads.com/book/show/7881699-el-libro-de-merlin-un-libro-de-magia-encantamientos-y-conjuros


Enlaces relacionados:

Margarita Barrera Cañellas

http://biblioteca.ucm.es/tesis/ghi/ucm-t26709.pdf

Día Internacional del Café

 

Coffee Lovers,

celebremos leyendo a Balzac.

 

Balzac, café hasta la muerte

En honor a la verdad, de todos los escritores que a lo largo de la historia tuvieron una apasionada relación con el café, Honoré de Balzac fue el más extremista de todos.  

El escritor francés, nació en Tours el 20 de mayo de 1799, el mismo año en que concluyó la Revolución Francesa a causa de la llegada al poder de Napoleón Bonaparte. 

Balzac no sólo tomaba una inmensa cantidad de tazas de café al día, que lo acompañaban a lo largo de sus maratónicas jornadas de trabajo de más de 15 horas, sino que también masticaba granos enteros de café, crudos. Además, llevaba con él  los granos molidos en sus frecuentes veladas para preparárselo a gusto. Se dice que con frecuencia masticaba granos de café sin agua, en ayuna. Su favorito era el café turco. Balzac, además, era un sibarita.

 

En 1839 publica el ensayo Tratado de excitantes modernos, donde se refiere a sus investigaciones sobre los efectos del café y de otros energizantes, con los cuales experimentaba en su propio organismo.  En esta obra, deja bien claro como el café era capaz de estimular la creatividad y como influía en su excéntrica rutina de trabajo: Balzac solía irse a la cama a la seis de la tarde, se levantaba alrededor de la una de la madrugada y escribía hasta las seis de la tarde del día siguiente. 

 

Balzac describe así sus sensaciones:

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“El café acaricia la boca y la garganta y pone todas las fuerzas en movimiento: las ideas se precipitan como batallones en un gran ejército de batalla, el combate empieza, los recuerdos se despliegan como un estandarte. La caballería ligera se lanza a una soberbia galopada, la artillería de la lógica avanza con sus razonamientos y sus encadenamientos impecables. Las frases ingeniosas parten como balas certeras. Los personajes toman forma y se destacan. La pluma se desliza por el papel, el combate, la lucha, llega a una violencia extrema y luego muere bajo un mar de tinta negro como un auténtico campo de batalla que se oscurece en una nube de pólvora”.


La Comedia Humana

 

Gracias a su talento y a su pasión por el café, que el mismo describe como una gran influencia en su vida, Honoré de Balzac dejó un legado de más de 150 obras literarias entre las cuales La comedia humana es probablemente la más emblemática y uno de los mayores proyectos narrativos de la historia de la literatura. Son 137 novelas e historias interconectadas que retratan la sociedad francesa entre 1815 y 1830 y que se deben no solo a la popularidad del autor como escritor por entregas, sino también a la constante necesidad de dinero que lo acuciaba. 


Balzac Cafe

Ilustración de Honore de Balzac cenando en un bistro del Barrio Latino en París, publicado en el semanario francés La Cuisine des Familles. 1905. Imagen © Stefano Bianchetti/Corbis

 

El autor, que llevaba una vida bastante disipada, apremiado por las deudas, dedicaba su vida a escribir para poder pagar las facturas y cuando terminaba una obra, se dedicaba a grandes festines gastronómico, pues era un conocedor de la buena mesa y un gran gourmet, con habilidad para la crítica y la recomendación de los restaurantes y cafés que frecuentaba.

 

 

 

La poción mágica de Balzac

Ingesta de café durante la época en que escribió La Comedia Humana.
  •  entre 17 y 25 tazas por día
  • una taza cada 17 minutos durante las noches de trabajo
  • un sobre de 250 gR de café al día
  • entre 60 y 90 kilogramos al año
  • entre  162 000  Y 243 000 tazas al año 
  • entre 19 000 Y 29 000 litros de infusión de café
  • entre 1,6 Y 2,5 toneladas de granos de café
  • entre  21,4 y 40,7 kilogramos de cafeína

Durante la escritura de cualquiera de sus obras, Balzac consumía un promedio de:
  • 251 litros de café lo cual equivaldría a
  • 2 090 tazas, ó 86 sobres de 250g. 

El consumo de café promedio anual de Balzac era 
  • 20 a 30 veces mayor que el de un parisino común en 1847
  • 10 a 15 veces mayor que el promedio de un francés en los tiempos actuales.  

 

El Blend de Balzac

El 20 de mayo de 1839, celebrando sus 40 años y la publicación de Tratado de excitantes modernos, Balzac estrenó su propia mezcla de café, que bautizó  “Honoré de Balzac, Paris 1839”, la histórica mezcla que el consumía en ese momento.

El consumo de café de Balzac era bastante ecléctico, sus preferencias se inclinaban a una mezcla de colores. La fuente más comúnmente citada es la biografía de Léon Gozlan, titulada Balzac in slippers o Balzac en pantuflas que narra: “el café estaba compuesto por tres tipos de granos: bourbón, martinique y mocha”.  (Balzac chez lui, León Gozlan, 1862)

Las referencias a la mezcla del café de Balzac que aparecen en la biografía de Gozlan están respaldadas por varias facturas conservadas en la Colección Lovenjoul, en particular una factura de 1832 que abarca un período de ocho meses, pagadera a M. Le Baron de Balzac, que menciona con frecuencia la compra de café de Martinica, variedades Mocha y Bourbon.

 

 

En 1828, el Código Gourmand, publicado por su amigo, el periodista, historiador y editor, Horace Raisson, recomendó una mezcla compuesta por una parte Green Martinique, una parte Bourbon y una parte Mocha.

 

 

 

En el mismo período, el French Gastronome, editado por el propio Honoré de Balzac, hizo la siguiente recomendación: “Después de realizar nuestros propios experimentos de cientos de maneras, finalmente hemos establecido el siguiente método, que presentamos oficialmente: Asamos por separado, nosotros mismos, una parte de granos Martinica Verde, una parte de Bourbon y otra de Mocha “.

En 1846, el Manual del Café Amateur, que se estableció como una referencia con respecto al café, recomendó la mezcla de estos tres cafés en las mismas proporciones.

 

 

 

 

Si sientes pasión por el café y eres curioso, puedes visitar la excelente página, Cafés D’Histoires donde además de conocer al detalle los rituales de Balzac a la hora de preparar su famoso café “Honoré de Balzac, Paris 1839”, puedes comprarlo. Si navegas por ahí verás las cafeteras que utilizaba para preparar la infusión y las tazas donde se tomaba; puedes comprar la mezcla y prepararte tu propio café al estilo Honoré de Balzac, y disfrutarlo mientras lees la biografía de Steven Zweig, Balzac. Es probablemente, unas de las mejores obras del autor austriaco. Una biografía para leer, no sólo por el biografiado, Balzac, sino también por el biógrafo: Zweig.   (Balzac, Editorial Jackson, 1948).

Además, que como lectores, tengamos la suerte de su publicación se debe al editor y amigo de Zweig, Richard Friedenthal, quien recibió el manuscrito por correo en Londres con algunas indicaciones generales que el escritor le envió, días antes de suicidarse, junto a su esposa, en Brasil en 1942.

 

TOMADO DEL BLOG

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Lecturas de madrugada: La biografía de la bestia

A fines del año pasado me pidieron que escriba sobre uno de los más grandes novelistas del siglo XIX. Acepté el encargo sin dudarlo, porque desde hacía buen tiempo quería escribir sobre Balzac. Aunque el proyecto de la revista, en la que saldría el artículo, no se concretó, el proceso de su escritura hizo que me reencontrara con algunas novelas del narrador francés. Acababa de releer El primo Pons y no sentía otra cosa que no fuera inmensa gratitud y rendida admiración. Qué manera de cerrar el ciclo novelístico de La comedia humana. Pasaron algunas semanas de la relectura y seguía preso del ánimo balzaciano, entonces busqué entre los anaqueles de mi biblioteca el libro que me acompañaría en los próximos días, libro que iba a excluir a las novelas y ensayos que estaba leyendo. Una biografía escrita por un A1. Porque solo un A1 podía biografiar a Balzac. Por eso me gustan las biografías monumentales: Balzac (Editorial Jackson, 1948) del austriaco Stefan Zweig.

En poco más quinientas páginas, Zweig nos muestra la radiografía de su ídolo tal y como era: egocéntrico, desaseado, huachafo, enamoradizo, oportunista, mala leche. Para Zweig, “La bestia que escribía” Balzac era un arribista sin remedio. Y contra lo que muchos escritores puedan pensar del oficio narrativo del francés, este no lo concebía como una actividad sagrada, la escritura no le significaba un destino, sino el único camino para escalar socialmente. Nuestro escritor fue un hombre que vivió endeudado, además, tenía el trauma de no haber asimilado sus raíces. Deseaba ser tratado como un noble, como un integrante conspicuo de la alta sociedad gala. Para ello, había que salir de pobre y guiado por ese fin es que escribía endiabladamente, cobrando por adelantado para despilfarrar inmediatamente lo cobrado. Dormía poco y escribía literalmente dopado debido a los litros de café que bebía. De a pocos empezó a forjarse una fama de buen escritor, por lo tanto, tenía seguidores y seguidoras, entre estas, una dama de abolengo y fortuna con la que termina casándose. En principio, ese era parte de su plan, casarse con una señorona y seguir escribiendo y publicando hasta ser totalmente aceptado. Pero de la misma forma en que Balzac se entregaba a la creación de sus novelas, ese mismo ahínco lo ponía en las mujeres. A Balzac no le gustaba su mujer, al mayor novelista del XIX no le podía gustar una sola mujer. Para Zweig, Balzac era un soberano hormonal que muy bien pudo escribir un diario de pornógrafo, al punto que especula que el número de sus amantes es apenas superado por el número de hojas que utilizó para escribir. Empero, nuestro ídolo hormonal se enamoró, se enamoró de la señora Hanska, a la que le envío miles de cartas, en las que se hacía pasar como un incomprendido por la sociedad, de artista entregado a la sublime labor creativa que lo llevaba a rehuir de los placeres carnales. Balzac amó a la señora Hanska, pero ella no supo respetar la memoria de quien la amó y por la que hubiera dejado de lado esa empresa que lo hacía producir novelas a niveles industriales.

(…) Balzac es la cumbre literaria de Stefan Zweig, cumbre a la que le dedicó quince años de investigación. Ahora, esta publicación bien puede ser un milagro literario. El editor, y también amigo, de Zweig, Richard Friedenthal, dudó hasta el último instante en meter la biografía a la imprenta. Zweig nunca le aseguró que se trataba de la versión final, puesto que horas después de enviarle a Londres un sobre con indicaciones generales del manuscrito, el austriaco y su esposa habían decidido suicidarse en Brasil. Friedenthal no supo qué hacer. Felizmente, la perplejidad le duró dos semanas, puesto que ordenó los capítulos, suprimió redundancias y editó Balzac para la posteridad.

Puedes leer el artículo completo de Gabriel Ruíz Ortega aquí:

http://www.leeporgusto.com/lecturas-de-madrugada-la-biografia-de-la-bestia/

Honoré de Balzac es considerado como un gran retratista de la sociedad donde vivió, que supo trascender la mera descripción en sus novelas, para impregnarlas de una especie de “suprarrealismo” y es uno de los principales exponentes del realismo literario. 

Vivió poco en comparación con sus colegas Voltaire y Goethe, con quienes tenía en común una pasión desbordada por el café, probablemente debido a su estilo de vida y murió  joven, a los 51 años en París el 18 de agosto de 1850.

Sus restos descansan en el Cementerio de Père Lachaise, en París, y su espíritu está siempre presente en el Monumento a Balzac, situada entre los bulevares de Raspail y Montparnasse en Paris. 

El Balzac de Rodin

En 1897, cuarenta y siete años después de la muerte de Balzac,  el escultor frances, Auguste Rodin diseñó un monumento revolucionario, tras seis laboriosos años. Desprovisto de los atributos habituales del escritor (butaca, pluma, libro…), su Balzac es menos un retrato que una poderosa evocación del genio visionario, cuya mirada domina el mundo, del creador inspirado envuelto en su bata de monje que vestía para escribir. La obra, demasiado innovadora para la época,  fue un escándalo, al ser mostrado en 1898 y su encargo se anuló. Rodin jamás llegó a ver su monumento vaciado en bronce.

Considerado el padre de la escultura moderna, Rodin rompió con el canon académico que imperaba en Francia en el siglo XIX y su concepción del arte  dio paso a una nueva etapa en el ámbito de la escultura.

Cuando Rodin murió, el concepto de la escultura había sido redefinido como “algo que imita la vida a través de la amplificación y exageración del todo”.

http://www.musee-rodin.fr/es/colecciones/esculturas/monumento-balzac

Rodin

Auguste Rodin

 

 

 

 

 


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