Albi, la ciudad de los cátaros, el color índigo y Toulouse Lautrec – 3

 

PARTE III

Caminar por las calles de Albi es como viajar en el tiempo a través de las culturas celta, románica, occitana y medieval, hasta llegar al arte de la bohemia parisina que se exhibe entre los contrafuertes de los palacios y las iglesias.  Podrías quedarte para siempre paseando por sus calles rojas, rosadas, ámbar, todas de ladrillo, disfrutando sus bistrots y cafés al aire libre y comprando arte en sus galerías del Siglo XXI.

Para quedarse… el tiempo  no alcanza.

 

La casa del inquisidor

El “Palais de la Berbie” con su imponente torre de “Saint-Michel”  fue la máxima expresión del poder temporal de los obispos de la Iglesia Católica de la época.  Esta imponente construcción medieval presume de ser una de las más antiguas de Francia, pero sobre todo puede presumir de su magnífico presente.

En el corazón del centro histórico de la ciudad, el “Palais de la Berbie”, catalogado como monumento histórico, constituye uno de los conjuntos episcopales mejor conservado de Francia.

Su edificación, que comenzó en el año 1228, tomó 78 años, tres obispos de Albi participaron en su construcción  y en ese lapso, hubo 17 papas de la Iglesia Católica. Oficialmente se considera que su construcción culminó en 1306.

Su nombre proviene de la palabra occitana bisbia, convertida primero en verbie y luego en berbie,  que significa obispo.

Hasta comienzos del Siglo XIII, es decir hasta alrededor del año 1205, los obispos de Albi, tuvieron como residencia un conjunto de casas cercanas a la Catedral romana existente en la villa, que le prestaban los canónigos.

 

 

Los constructores

1228 – 1254

Durand de Beaucaire

Al finalizar las Cruzadas Albigenses, los obispos católicos aprovechan la decadencia y eventual desaparición de los vizcondes de Trencavel, quienes habían sido los señores feudales de Albi por más de tres siglos, y reorganizan a su conveniencia la recolección de los impuestos a los ciudadanos.

Este enriquecimiento repentino brinda le oportunidad al obispo Durand de Beaucaire para demostrar su poderío a través de la construcción de una nueva residencia para el clero. Ésta consta de una sala feudal o sala de actos,  a la que se agrega una torre; al oeste se edifica la Torre Saint-Michel de dos niveles, destinada al tribunal y a las prisiones eclesiásticas de la Inquisición.  Beaucaire estuvo al frente de la edificación durante 25 años.

1254 – 1271

Bernard de Combret 

 

El obispo Bernard de Combret terminará la obra de su predecesor confiriéndole al Palacio su aspecto de ciudadela. Conecta las antiguas instalaciones entre sí.

Temiendo por su seguridad y en un enfrentamiento político con el poder real de la corona de Francia, que apoya las reivindicaciones de la Comuna de Albi, causando importantes  revueltas populares, ordena edificar murallas más sofisticadas del lado del palacio que colinda con la villa, dejando intacto la fachada de la ribera del río Tarn, que constituye una “defensa” natural.  El obispo Bernard de Combret considera a la ciudadanía su principal adversario. Su gestión frente al “Palais de la Berbie” dura 17 años.

1276 – 1308

Bernard de Castanet  

 

El famoso inquisidor, Bernard de Castanet, obispo de combate, considerado “soldado del papado”, es designado y consagrado como obispo por el primer papa dominico, Inocente V.  Pasa a ser obispo de Albi para “restaurar el orden en las almas y en el clero”, según registran las crónicas.

Bajo su obispado comienza la construcción de la imponente  “cathédrale Sainte-Cécile”. Albi se convierte en ciudad episcopal y Castanet establece en su diócesis una auténtica monarquí­a eclesiástica.

Los trabajos del “Palais de la Berbie” bajo el obispado de Bernard de Castanet se realizan en paralelo a la edificación de la nueva “cathédrale Sainte-Cécile”.

El carácter ambicioso y autoritario del obispo hace desatar contra él la cólera real de la corona francesa y el odio de los albigenses. Éste, que teme por su seguridad, refuerza aún más la edificación. Se construye la Torre Mage, compuesta por: la antigua Torre Saint-Michel que acoge la capilla privada del obispo, la sala oficial y una nueva torre, nombrada la Torre Saint-Catherine, que se convierte en la residencia oficial del obispo.

La antigua residencia, la “Vieille Berbie”, se convierte en el tribunal eclesiástico de la Inquisición. Castanet es nombrado Inquisidor de Albi  y Vice-Inquisidor de Francia.

La fortificación de Bernard de Castanet se refuerza con dos contrafuertes hemisféricos en el lado de los jardines. Por último, lanza dos cortinas en el oeste y en el este, que descienden las escarpas hacia el río, creando así nuevas dependencias del Palacio y permitiendo una posible huída hacia el Tarn.

Treinta y dos años permaneció Bernard de Castanet en el “Palais de la Berbie”, entre 1276 y 1308. En el año 1307 es acusado de asesinato, negligencia pastoral y crueldad extrema en el ejercicio de la justicia, pero no es juzgado y simplemente lo trasladan para convertirse en obispo de  Le Puy-en-Velay.

 

 

Durante el periodo de 1309 a 1474 el “Palais de la Berbie” no sufre mayores modificaciones ni cambios notables en su organización a excepción de una cortina que cierra el sistema defensivo a orillas del Tarn, entre las torres edificadas por Bernard de Castenet.

Del lado de la ciudad, se dispone una nueva portería con un terraplén bastionado. La Gran Peste Negra y la Guerra de los Cien Años cercenan el poderío y los ingresos de los obispos católicos.

 

1474 – 1503

Louis d ́Amboise

 

Aunque el periodo de construcción del “Palais de la Berbie” culmina oficialmente en el año 1306, el obispo Louis d´Amboise introduce en el palacio la corriente del Renacimiento, considerada una modernización.

Edifica su propia residencia al este del Palacio, sobre la muralla de Castanet. Ésta consta de una serie de apartamentos, la Torre d ́Amboise remodelada, así como una galería edificada sobre la cortina. Además, facilita el acceso a la Torre Mage por una escalera de caracol desde el mismo patio.

Los prelados que se sucedieron del Renacimiento al siglo XVIII transforman el “Palais de la Berbie”  en un palacio de recreo con salones de gala y jardines a la francesa.


1676  –  1687

Hyacinthe Serroni

Los jardines del  palais

Mención aparte merecen los  jardines del “Palais de la Berbie”, colgados sobre la ribera del río Tarn.  Son un verdadero espectáculo que cambian su semblanza de acuerdo a la época del año.  Puedes contemplarlos desde las alturas, asomándote por las ventanas del palacio y luego paseando por sus caminerías, que una vez fueron las murallas del palacio construidas en la época medieval.

En 1678, bajo el reinado de Lui­s XIV,  Hyacinthe Serroni es nombrado como el primer arzobispo de Albi y bajo su mandato los jardines, al estilo francés renacentista, son construidos en el corral del palacio.

Para ello se disponen de las terrazas y contraterrazas y se construyen  escaleras de piedra con largas y nobles balaustradas con escudos de armas. Más tarde convirtió las cortinas Norte y Oeste en paseos. Son derribados los muros de contención que bordean el río para crear caminerías recreativas.

Este sacerdote de la iglesia católica, que fue además diplomático y mayor de la naval francesa, permaneció como arzobispo de Albi en el “Palais de la Berbie” hasta  su muerte en el año 1687.

 

En el Siglo XIX

Con la Revolución Francesa y el Imperio, el “Palais de la Berbie”, ahora catalogado como un edificio de interés nacional, se convierte en museo de historia natural, de arte y de antigüedades.

En 1823, se levanta la sede episcopal de Albi y se emprenden los trabajos de restauración; en 1862 se registran como monumentos históricos de la nación francesa la Capilla Notre-Dame y los Salones de Lude y de Bernis.

En 1905, la ley de separación de bienes de la iglesia y del estado permitió transformar el “Palais de la Berbie”  de residencia de los obispos en museo de arte e historia.

 

 

 

 

 

 

 

Después de muchos años fueron derrumbadas las fortificaciones y el “Palais de la Berbie” pasó a ser propiedad del ayuntamiento y en los primeros años del siglo XX se construyeron salones, bibliotecas y auditorios. Más tarde fue transformado en el Museo de Toulouse-Lautrec.

 


Puedes leer la historia completa de la evolución del “Palais de la Berbie”  en este link: http://www.museetoulouselautrec.net/el-palacio-de-la-berbie-y-sus-jardines.html

 


El “Musee Toulouse-Lautrec”

 

Las paredes del “Palais de la Berbie”, testigo durante siglos de una estricta moral clerical, acogen hoy mujeres de vida licenciosa, bailarinas de cabaret y otros personajes surgidos del pincel del hijo pródigo de la ciudad: Henri de Toulouse-Lautrec. El palacio aloja el museo del artista, nacido en Albi,  en el que se exponen sus pinturas, dibujos y litografías.

 

 

 

 

 

 

 

Las galerías Toulouse-Lautrec se inauguraron en el “Palais de la Berbie” en el año 1922 gracias al legado excepcional del conde y de la condesa de Toulouse-Lautrec.

El museo que alberga la mayor colección del genial artista postimpresionista,  con más de mil piezas, entre las cuales se hallan sus retratos de prostitutas y sus  carteles más conocidos. Se pueden ver 210 pinturas, 600 dibujos e innumerables carteles y litografías de Toulouse Lautrec, además de otras obras notables de Georges de la Tour, Matisse, Bonnard, Dufy, Rodin y otros maestros franceses.

 

El “Musee Toulouse-Lautrec”  es hoy el mejor embajador de la ciudad de Albi y recibe cada año más de 160,000 visitantes, colocándolo entre los primeros museos de la región.


 

Puedes visitar la página del “Musee Toulouse-Lautrec” en este link y conocer todas sus actividades.

http://www.museetoulouselautrec.net/inicio.124.html

 

 

 

¿ Quién fue  ?

Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec, pintor, grabador y dibujante francés nació en Albi, en 1864 en el seno de una importante familia aristocrática del sur de Francia.

Sus padres, Alphonse de Toulouse-Lautrec-Monfa y la Condesa Adèle Tapié de Celeyran eran primos en primer grado. Fue un matrimonio entre miembros de una misma casa, lo cual era una práctica común en la aristocracia francesa de la época, a fin de proteger los patrimonios.

Como consecuencia de la consanguinidad de sus padres, Henri padeció una enfermedad que afectaba el desarrollo de los huesos llamada picnodisostosis y que se le empezó a manifestar en 1874, a los diez años.

En el año 1878 sufrió la rotura de su fémur izquierdo, al año siguiente la del derecho, razón por la cual sus piernas sufrieron un desarrollo anormal a causa de la enfermedad congénita que le provocaba falta de calcio. Conservó un torso normal pero las piernas no le crecieron proporcionalmente. Apenas medía 1.50 mts en su edad adulta.

En relación con otros pintores de su tiempo, la vida de Henri Toulouse-Lautrec tiene mucho de excepcional, con avatares que determinaron de forma decisiva muchos de los planteamientos de su pintura.

Sus habilidades para el dibujo fueron estimuladas desde la infancia por su tío, el conde Charles de Toulouse-Lautrec. En 1878 ingresa al taller de René Princeteau, pintor de temas militares y ecuestres. Posteriormente se formó en las academias de los pintores  Bonnat y Cormon.

En 1885 abre su propio taller en Montmartre y desde entonces se dedicó a la creación pictórica, integrándose plenamente en el ambiente artístico parisino que en aquella época buscaba por diversos medios la superación del impresionismo.

Se relacionó, entre otros creadores, con Van Gogh, Pierre Bonnard y Paul Gauguin, y de este último tomó algunos rasgos estilísticos, como el uso de los contornos pronunciados. Pero las obras que más influyeron en su peculiar estilo fueron las de Degas y las estampas japonesas ukiyo-e.

Hombre muy responsable de su trabajo, acudía puntualmente a su taller todas las mañanas, lo cual no le impidió llevar una vida disoluta, en el ambiente bohemio de Montmartre, donde frecuentó cafés cantantes, teatros, prostíbulos y salas de baile. Estos ambientes constituyen, de hecho, lo más peculiar de su creación artística, en la que sus protagonistas más entrañables son bailarinas de cancán y personajes de circo.

En los cabarets del distrito parisino de Montmartre, como el Moulin Rouge, atrajo con su ingenio e hizo amistad con un grupo de artistas e intelectuales entre los que se encontraban el escritor irlandés Oscar Wilde, el pintor holandés Vincent van Gogh y el cantante francés Yvette Guilbert.

Visitante asiduo del teatro, el circo y los burdeles, plasmó en retratos y bocetos los recuerdos e impresiones de los lugares y de sus personajes.

Ejemplos son La Goulue entrando en el Moulin Rouge (1892, Museo Toulouse-Lautrec, Albi), Jane Avril entrando en el Moulin Rouge (1892, Courtland Gallery, Londres) y En el salón de la calle des Moulins (1894, Museo Toulouse-Lautrec, Albi).

Su afición al alcohol deterioró su salud y desde 1897 padeció manías, depresiones y ataques de parálisis en las piernas y en un costado del cuerpo. Ese año, sufriendo delírium trémens disparó a las paredes de su casa tratando de matar arañas imaginarias.

Todo esto no le impidió seguir pintando hasta que en 1899 fue internado en un sanatorio mental, donde realizó una colección de pinturas sobre el circo.

Abandonó su taller en Montmartre para refugiarse con su madre en el Castillo de Malromé, propiedad de la familia, donde murió, a los treinta y seis años,  el 9 de septiembre de 1901.

 

 

 

 

 

Puedes leer su biografía completa en este link.

http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=toulouse-lautrec-henri-marie-raymond

 

 


Los carteles más famosos
de Toulouse-Lautrec
expuestos en el museo.

 


Conoce más acerca de Albi,  “ciudad de arte y de historia” en nuestras crónicas anteriores:

https://cronicasdeimarie.wordpress.com/2017/06/23/albi-la-ciudad-de-los-cataros-el-color-indigo-y-toulouse-lautrec-1/

https://cronicasdeimarie.wordpress.com/2017/07/02/albi-la-ciudad-de-los-cataros-el-color-indigo-y-toulouse-lautrec-2/


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Enlaces relacionados:

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http://america.france.fr/es/descubre/midi-pyrenees

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Albi, la ciudad de los cátaros, el color índigo y Toulouse-Lautrec – 2

 

PARTE II


Encumbrada en la colina de la meseta de Saint Salvy, dominando el valle del río Tarn, en la histórica región francesa conocida como el Languedoc en los Midi-Pyrenees, la ciudad de Albi ha dado nombre a uno de los conflictos religiosos más significativos de la Edad Media: la Cruzada Albigense, también conocido como la “herejía cátara”.

Mi atracción hacia los cátaros, me llevó a visitar Albi, en la región de Occitania llena de historia, de magia y leyendas. Quiero compartir con ustedes algunos de mis descubrimientos.


 

Cuenta Stephen O’Shea en su libro Los cátaros, la herejía perfecta

(…) Albi, la ciudad cuyo nombre conserva un aire de infamia. Sabíamos que la cruzada contra los albigenses había sido un cataclismo de la Edad Media, una violenta campaña de sitios, batallas y hogueras, durante la cual los seguidores de la Iglesia Católica intentaron eliminar a los herejes, conocidos como albigenses o cátaros.

A la cruzada del Siglo XIII, dirigida no contra musulmanes de la lejana Palestina, sino contra disidentes cristianos del mismo corazón de Europa, siguió la fundación de la Inquisición, una maquina implacable creada en concreto para acabar con los cátaros supervivientes de la guerra. Debido a la convulsión, el Languedoc, antaño orgulloso territorio independiente, quedó anexionado al reino de Francia. Cruzada, Inquisición, conquista… Albi tenía asegurado su lugar en la Historia, sino en el recuerdo afectuoso.”

Los cátaros, Stephen O’Shea : https://www.amazon.com/Los-cátaros-Spanish-Stephen-Oshea-ebook/dp/B016WKYH5U/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1496762252&sr=8-1&keywords=Los+Cataros

Con apenás 50 mil habitantes, Albi tiene entre sus muchos tesoros la catedral más grande que se haya construida en ladrillos, fabricados con la legendaria arcilla del rio Tarn. Posee palacios medievales y renacentistas, un casco histórico cuidadosamente preservado y es la ciudad natal de albigenses tan notables como el destacado militar francés  Louis-Casimir Teyssier, y el escritor Pierre Benoit. Pero, su  hijo más conocido es el pintor Henri de Toulouse-Lautrec.

 

Considerada como  “ciudad de arte y de historia”, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2010 por su riqueza histórica y cultural.

 

 

 

 

Conoce más sobre Albi.  Visita nuestro post anterior. Aquí el link: 

https://cronicasdeimarie.wordpress.com/2017/06/23/albi-la-ciudad-de-los-cataros-el-color-indigo-y-toulouse-lautrec-1/

 


Bajo la protección de Santa Cecilia

 

 

Consagrada a la virgen y mártir, patrona de los músicos, la “cathédrale Sainte-Cécile” es una manifestación inequívoca del triunfo del catolicismo sobre la “herejía” cátara.  Su construcción comienza en el año 1282, después de finalizadas las Cruzadas Albigenses.

Una vez terminada la cruel y larga guerra, que comenzó en el año 1209,  desaparecidos los señores feudales y vizcondes del Languedoc, lo cual provocó la extinción  del movimiento  cátaro y el ocaso de la floreciente cultura languedociana, los obispos católicos asumen el poder en la región. El famoso inquisidor Bernard de Castanet, obispo de combate, considerado “un soldado del papado”, es designado y consagrado como obispo por el primer papa dominico, Inocente V, y pasa a ser obispo de Albi para “restaurar el orden en las almas y en el clero”. Bajo su obispado comienza la construcción de la imponente catedral. Albi se convierte en ciudad episcopal y Castanet establece en su diócesis una  auténtica monarquía eclesiástica.

La construcción de “Sainte-Cécile”, que tardó unos doscientos años y veintitrés papas de la Iglesia Católica, finalmente culmina en 1480. Es consagrada el 23 de abril de ese mismo año por el obispo Luis I de Amboise, bajo el papado de Sixto IV.

Es una poderosa fortaleza que domina el territorio circundante, símbolo del inmenso poderío de la Iglesia Católica de la época.

¡Es abrumadora y magnificente!

La “cathédrale Sainte-Cécile” es la máxima representación del estilo gótico meridional y tiene pocos vitrales. La impresionante austeridad del exterior contrasta con el exhuberante decorado de su interior. Tiene una única nave central con capillas entre los contrafuertes a lo largo de todo su perímetro. Posee los mayores murales medievales de Francia.

También es la catedral construida en ladrillo más grande del mundo, con 113 metros de largo y 35 metros de ancho, con una altura de 30 metros en el interior.  Domina la ciudad con su campanario de 78 metros de altura, cuya construcción culminó en 1492. En la fachada exterior de la catedral se encuentran las torres-prisiones con sus muros de un espesor de 2,5 metros.

 

 

Debido al largo tiempo que tomó su construcción, reúne un conjunto de obras de arte, esculturas y frescos que van desde la Edad Media hasta el Renacimiento, lo cual la convierte en una visita obligada para los amantes del arte. Con pinturas en paredes y techo, la “cathédrale Sainte-Cécile” es la única catedral europea completamente pintada.

En la capilla mayor, destaca el fresco Juicio final, realizado entre 1474 y 1484. Reconocido como el mural más grande del mundo, ofrece una representación del fin de los tiempos realizado por artistas flamencos anónimos. Es la obra más antiguas que se conserva en la catedral, la cual originalmente ocupó unos 200 metros cuadrados de superficie.

En cambio, alrededor del año 1509,  fueron pintores italianos de Bologna, quiénes recubrieron la bóveda de la catedral con un magnífico fresco donde abundan los íconos y que plasma el Cristo y la Virgen rodeados por todos los santos protectores. Constituye el  mayor conjunto pictórico renacentista de Francia.

El “Jube”  o la clausura del coro, a donde se reunían los religiosos para leer las santas escrituras, es un impresionante encaje de piedra realizada bajo el estilo gótico flamingo que presenta unas 200 estatuas policromadas con unos detalles impresionantes.

Albi posee en su catedral uno de los más bellos órganos de Francia. Es una obra maestra  tanto arquitectónica como musical. Su caja, producto del talento de Christophe Moucherel, construida entre  1734 y 1736, provoca la admiración de los conocedores por sus dimensiones fuera de lo común.  Cuenta con una de las decoraciones más destacadas y hermosas de Francia en lo que a órganos eclesiásticos se refiere.

 

 


 

Arquitectura gótica meridional

Encontramos el estilo gótico meridional principalmente en el sur de Francia, sobre todo en las zonas donde se desarrolló el catarismo, sometido a la represión religiosa y militar llegada del norte.

La «toma de control» de la jerarquía católica dio lugar a numerosas construcciones y reconstrucciones de edificios tanto religiosos como civiles. Las regiones en donde más se desarrolló este estilo son los actuales departamentos de Haute-Garonne (Toulouse), Tarn (Albi), Tarn-et-Garonne (Montauban), Ariège, Gers, Aude, Pirineos Orientales y Hérault.

Se caracteriza por la austeridad de las edificaciones, por el uso de contrafuertes en lugar  de arbotantes, la utilización de una sola nave central y por las escasas y estrechas aberturas.

La arquitectura románica se prolonga durante más tiempo en el sur de Francia que en el norte y la transición al gótico se realizó sin una verdadera ruptura. Las edificaciones suelen tener un aspecto militar y defensivo.

Como cualquier construcción que usa preferiblemente materiales locales, la arquitectura gótica meridional de las regiones de Toulouse, Montauban y Albi apeló principalmente al ladrillo, que se ha convertido en una de sus principales señas de identidad.

Los constructores utilizaron técnicas adecuadas para este material, como el arco en mitra típico del estilo gótico tolosano. El ladrillo se prestó para realizar composiciones decorativas geométricas, aunque a cambio permitía pocas esculturas integradas en la arquitectura. Dependiendo del tipo de arcilla utilizada, los ladrillos podían ser moldeados o redondeados por abrasión. Algunos edificios utilizan la piedra con moderación para crear contrastes coloridas.

Catedral-de-Santa-Cecilia

Plano de la “cathédrale Sainte-Cécile”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La “cathédrale Sainte-Cécile” está rodeada por empinadas calles peatonales con las típicas casas de ladrillo y entramado de madera que nos transportan a la Albi medieval de los Condes de Trencavel que tenían su castillo en la calle Castelviel y sus alrededores.


 

 

 

Arte en la catedral 

Pintor y sacerdote

Kim En Joong es un sacerdote dominico y pintor nacido en Pooyo, Corea del Sur en 1940, durante la ocupación japonesa.

En 1946, la familia de Kim En Joong se trasladó a la ciudad de Taejon. Es entonces cuando el niño, a la edad de seis años, descubre el color a través de los impresos que han dejado atrás los japoneses cuando abandonan Corea.

De 1947 a 1959, asiste a la escuela secundaria en esa misma ciudad y comienza a practicar la caligrafía. A los diecisiete años, ingresa a la escuela libre de clases de dibujo y se prepara para el exámen de admisión para entrar a la escuela de Bellas Artes de Seúl, donde fue admitido en 1959.

Sus estudios de postgrado son interrumpidos no solo por la agitación de los estudiantes de Bellas Artes en 1960, sino también porque debe cumplir con un duro servicio militar. Fue movilizado en 1963 como teniente de infantería. A pesar de las buenas relaciones que mantiene con los soldados, la guerra y la división de Corea en dos lo afecta profundamente.

Kim En Joong, el dominico pintor en su estudio de París. Foto: Joel Robine para AFP.

Al regreso del frente, comienza a pintar nuevamente, esta vez, con la naturaleza como tema principal.

La critica de arte americana escribe sobre él diciendo que “Kim se unió al mundo de Miró y al material de Dubuffet”.

Una vez que se separa totalmente del servicio militar en 1965, obtiene un trabajo como profesor asistente de clases de arte en un pequeño seminario católico en Seúl, donde descubre el catolicismo. Fue bautizado en 1967.

Kim Joong llega a Europa en 1969. Ingresa como estudiante de filosofía y seminarista en un convento dominico en Friburgo, Suiza. Recibe un gran apoyo para el desarrollo de su vocación como pintor dentro de su congregación religiosa, Esta, eventualmente promueve su traslado a París para que continúe allí su apostolado y desarrolle su vida artística.

Es ordenado sacerdote en 1974 y asignado al Convento de la Anunciación en París en 1975, donde vive y trabaja.

Exhibió sus obras en la “cathédrale Sainte-Cécile”, uniéndose al arte de los siglos pasados, como parte de las muchas actividades artísticas y culturales que se desarrollan en el recinto.

 


Estoy segura de que a Toulouse-Lautrec le gustaría muchísimo la ciudad de Albi contemporánea, con sus cafés y terrazas al aire libre, abundantes galerías de arte, sus paseos por el río Tarn y su nutrida agenda cultural. Una ciudad donde la historia y el arte sorprenden a cada paso, en la que disfrutar y conocer mejor la obra de aquel artista de la bohemia parisina de finales del siglo XIX, que se fue a París para convertirse en un maestro indiscutible del post-impresionismo.

 


 

Sobre Albi, todavía tengo mucho más que contarles. En nuestro próximo encuentro exploraremos la residencia de los jerarcas eclesiásticos, el “Palais de la Berbie”, aposento episcopal en la Edad Media y hoy el “Musèe Toulouse-Lautrec”.

¡Yo estuve ahí!


Enlaces relacionados:

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Albi, la ciudad de los cátaros, el color índigo y Toulouse Lautrec – 1

 

PARTE I


Descubrí la historia de los cátaros en mi primer viaje al sur de Francia. La atracción fue a primera vista. Luego, me llevó a la ciudad de Albi, en la Occitania, una región plena de pasión, historia, magia y leyendas. Quiero compartir con ustedes algunas de mis experiencias y

descubrimientos. 

Los Celtas se establecieron en el paraje del Casteviel, el lugar donde hoy se erige la imponente “cathédrale Sainte-Cécile”. Luego en el Siglo I a.C. los Romanos la nombraron Albiga, y con ello, quedó registrada históricamente su fecha fundacional. Fue también el asentamiento de los cátaros, considerados herejes por la Iglesia Católica y victimas principales de las Cruzadas Albigenses.

Famosa históricamente por su cultivo de la planta tintorera Isatis Tinctoria,  es además la ciudad natal de Toulouse-Lautrec.

Conocida como “la ciudad roja” por el color de sus construcciones en las cuales predomina el inteligente e imaginativo uso del ladrillo,  Albi es una ciudad pequeña y de las más bellas que yo he conocido en el Sur de Francia. Entre las “ciudades de arte y de historia” francesas, ocupa un puesto privilegiado por sus monumentos, colecciones de arte y su arquitectura de ciudad amurallada medieval.

Situada en la ribera del río Tarn, en la región del Midi-Pyrénées, es la capital de la prefectura de Tarn y una de las cunas de la cultura occitana. Posee una abundancia de monumentos históricos y tesoros artísticos cuidadosamente preservados y en algunos casos desarrollados magistralmente hacia la modernidad.

Los Celtas se asentaron en el paraje del Casteviel y después los romanos se instalaron en esas tierras hacia el año 100 a.C. fundando su ciudad sobre la meseta de Saint Salvy. La civitas albigensium escoge a Albiga como su capital.

Pronto se destaca como ciudad comercial, gracias a su puerto fluvial en el río Tarn y a las vías creadas por los romanos. Ya en la época del Imperio galo-romano, Albi era un importante centro de comercio y una encrucijada estratégica en la región, ubicada en el cruce de caminos entre los puntos cardinales del sur de Francia.

Hacia la Edad Media, la ciudad se fortifica ante las invasiones territoriales y las guerras frecuentes que marcarón esa época.  Durante sus más de dos mil años de existencia, ha sido testigo vivencial y a la vez protagonista de tres momentos históricos determinantes del Languedoc: las Cruzadas Albigenses (1209-1244), la Guerra de los 100 años (1337 – 1453) y las Guerras Religiosas (1562-1598).

Estos acontecimientos históricos que modificarón la geopolítica de Europa occidental, dejaron profundas huellas en el devenir de esta hermosa ciudad, que hoy la convierten en un espacio verdaderamente enriquecedor para la humanidad , como de hecho es reconocida al ser clasificada como “ciudad de arte y de historia” por la UNESCO. En la actualidad  es uno de los centros principales de la antigua cultura y lengua occitana. Su máximo apogeo lo alcanzó en el Siglo XVI, momento en el cual se construyeron muchos de los palacetes que aún se conservan en el centro histórico de la ciudad.

Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2010 por su riqueza histórica y cultural.

Los Colores de Albi

 

Pintura del artista y sacerdote dominico Kim En Joong expuesta en la “cathédrale Sainte-Cécile”.

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La arcilla del río Tarn

Construida en la ribera del Tarn, la arcilla de este río ha sido la materia prima para la fabricación de los ladrillos rojos que caracterizan la arquitectura de Albi desde su fundación. Los verás en toda la ciudad en edificaciones de diferentes épocas, ya sea en sus casas, puentes, castillos, catedrales, claustros, calles o molinos, en una armoniosa gama que va desde el color rosa, hasta el ocre. Por eso la llaman “la ciudad roja”.

El ” Vieux Pont” o Puente Viejo, es una muestra de la longevidad de los ladrillos fabricados con las arcillas del Tarn.  Construido en el año 1035, es uno de los puentes más antiguos de Francia y que además aún está en uso.

 

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El índigo blue de la Cocagne

Desde la Edad Media, a lo largo del río Tarn, los agricultores del  Languedoc cultivaban la planta tintorera  Isatis Tinctoria, que en el Siglo XIII se trabajaba en los molinos de Albi, produciendo una tinta permanente de color azul intenso que llegó a llamarse índigo y cuyo valor comercial era tres veces mayor que su mismo peso en trigo.

Los extensos cultivos de esta planta le ganaron a la región el nombre de “el país du la cocagne” o “país de la cucaña”, en referencia al capullo de la flor o coque en el antiguo idioma occitano. El coque también era utilizado como moneda o token para  transitar el “Vieux Pont”. Popularmente la palabra “cucaña” era sinónimo de abundancia, lo cual caracterizaba a esta región.

Proveniente de Asia,  otros nombres comunes  para referirse al colorante azul producido por esta especie son:  añil, isatide o glastum. Mezclando el coque con otros productos se obtenían una variedad de colores para pintar los tapices que hoy pueden apreciarse en sus museos y que forman parte de este maravilloso patrimonio de la humanidad.


PARTE II

Sobre Albi, tengo mucho que contarles. En nuestros próximos encuentros exploraremos la emblemática “cathédrale Sainte-Cécile” y el “Palais de la Berbie”, aposento episcopal en la Edad Media y hoy el “Musèe Toulouse Lautrec”.


 ¡Yo estuve ahí!


Enlaces relacionados:

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Lyon, la ciudad de El Principito, del cine y las fachadas pintadas

 

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Muchas historias fascinantes se han tejido en esta ciudad. Es la segunda más poblada de Francia, después de París, lo cual la convierte en una metrópoli de primera.  Es una de las ciudades francesas que he visitado que más me ha gustado. Tiene el encanto de París, sin su nostalgia, y el “savoir faire” de los franceses en perfecta armonía con la energía de las corporaciones y los negocios. Es cosmopólita y vanguardista pero con espacios centenarios cuidadosamente preservados.

Fundada en el Siglo I antes de Cristo, fue la capital de la Galia durante el Imperio Romano. Durante la Edad Media se convirtió en una importante ciudad comercial gracias al monopolio de la seda; en el Siglo XIX se transformó en una plaza financiera y comercial de primer orden, especialmente en el área textil, la biotecnología, productos químicos y farmacéuticos. De las renombradas textileras de Lyon salen las fabulosas telas que nutren la moda francesa.

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Con 427 hectáreas de su superficie clasificadas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es miembro de la Organización de Ciudades Patrimonio Mundial y está clasificada como “ciudad de arte y de historia”.

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Situada al Norte del valle del río Le Rhône, un importante corredor fluvial que une a Lyon con Marsella, goza de una posición privilegiada en Europa por su ubicación estratégica y sus vías fluviales. Es famosa mundialmente por sus ferias comerciales y espectáculos públicos monumentales.

Es la ciudad de nacimiento de unos de los lyoneses más célebres de la historia:  Antoine  de Saint-Exupéry, el padre de El Principito. También es la ciudad donde nació el cine, cuando Louis y Auguste Lumière, quienes trabajaban con su padre Antoine, un reconocido fotógrafo de la época, patentarón el cinematógrafo en 1895 y rodarón su primera película Salida de los obreros de la fabrica Lumière en Lyon, Monplaisir, que dio origen a la maravillosa industria del cine que conocemos en el Siglo XXI. En el “Château Lumière”, renovado para recibir a todas las generaciones y en perfecta armonía con la “Ville d’Antoine” del padre Lumière, se exhibe el primer backdrop de la historia del cine.

Lyon1 by IMArie Nuñez

Pero una de las cosas más extraordinarias de Lyon son las fachadas pintadas de sus antiguos edificios. Espectaculares frescos que adornan los diferentes barrios de la ciudad contando su prolífica historia.

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Entre ellos se destacan el “Mur des Canuts”, realizado en 1997 y considerado el mayor fresco de Europa, situado en “Le Croix Rousse”,  una colina que alberga un singular barrio que fue el centro de la industria de la seda. Este inmenso fresco cuenta, a través de historias cotidianas, la evolución de este simbólico barrio de Lyon. Fue realizado por la CitéCréation, una cooperativa de artistas lyoneses.

Version 2También destaca el “Muro de los Lyoneses”,  que plasma a personajes tanto históricos como contemporáneos de origen lyones, cada uno pintado sobre un balcón. Con un recorrido de 2.000 años de historia sobre una superficie de 800 m² se pueden ver celebridades como Antoine de Saint-Exupéry que aparece de la mano de El Principito, su obra maestra, y Laurent Mourguet, el creador del Teatro de Guiñol, la marioneta de guante más famosa de Francia nacida a comienzos del Siglo XIX.  También tienen su balcón en la fachada  Auguste y Louis Lumière que aparecen con su invención: el cinematógrafo. Este monumental fresco,  también realizado por la CitéCréation, forma parte del circuito de fachadas pintadas de la ciudad, una innovación urbana en la cual Lyon en pionera.

Lyon4 by IMarie NuñezPero este extraordinario arte de pintar fachadas con frescos monumentales es un movimiento artístico que continua con fuerza. En la  actualidad destaca Patrick Commecy, quien junto con su equipo de muralistas, está transformando poco a poco las calles de pueblos y ciudades en toda Francia. Su objetivo: tomar fachadas de edificios viejos y deteriorados para convertirlos en espectaculares murales que son auténticas obras de arte contemporáneo.


 

 ¡Grafitis y arte urbano llevados a otro nivel !


Fotografía de  ©IMarie Núñez


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