Canción de Navidad …la historia detrás del cuento.

Con seguridad, muchos conocemos el cuento de Charles Dickens, Canción de Navidad. Pero, a los 175 años de su publicación, pocos saben la historia de cómo surgió uno de los cuentos navideños favoritos de todos los tiempos. Para celebrar el mensaje que nos dejó Charles Dickens, aquí te la contamos.

Charles Dickens escribió y publicó Canción de Navidad, cuyo nombre original en inglés es A Christmas Carrol, a los 30 años como respuesta a la indignación que lo embargaba al ver la condición de los niños trabajadores con el comienzo de la Revolución Industrial en el Reino Unido.  

Dickens en 1839, olio sobre lienzo de Daniel Maclise, Tate 2018: en préstamo a la Galería Nacional del Retrato de Londres. 

Era 1843, y a comienzos de ese año había visitado las minas de estaño de Cornualles, donde le sorprendieron y enfadaron las pésimas condiciones bajo las cuales trabajaban los niños, recordándole sus propias penurias infantiles.  Este sentimiento fue acrecentándose en la medida que visitaba las escuelas mantenidas por la caridad pública, en las que se hacinaban los niños hambrientos y analfabetos que vivían en las calles de Londres.  

Pero, cambio de idea durante la pronunciación de un discurso en una gala de recaudación de fondos celebrada el 5 de octubre de 1843 en el Manchester Athenaeum, en la cual urgió a trabajadores y empresarios a unirse en la lucha contra la ignorancia a través de una reforma educativa. 

Dickens había quedado abrumado con la publicación, en febrero de 1843, del Second Report of the Children’s Employment Commission / Segundo informe de la Comisión del Empleo Infantil,  un informe parlamentario en el cual se exponían los efectos de la revolución industrial sobre los niños pertenecientes a la clase trabajadora. Consideró seriamente la publicación de un panfleto de carácter político y social haciendo un llamado a la sociedad inglesa. 

Manchester Athenaeum, Londres.

En su discurso, el escritor y crítico social victoriano promovió la necesidad de la mejora educativa y el aprendizaje. El influyente público que estaba presente en el acto incluyó al fabricante inglés y radical estadista liberal Richard Cobden, asociado a importantes campañas de libre comercio; y también al conservador político, escritor y futuro primer ministro, Benjamin Disraeli.

En el transcurso de los siguientes días decidió que la manera más efectiva de hacer llegar sus inquietudes sobre la pobreza y las injusticias a un segmento de la población mucho más amplio era escribiendo una historia navideña muy sentida. Pensó que tendría mayor impacto que cualquier panfleto o ensayo político.  Así nació el cuento de navidad favorito de todos los tiempo: Canción de Navidad de Charles Dickens.

Dickens no estaba en muy buenos términos con sus editores en ese momento.  Había tenido grandes desacuerdos con la firma Chapman & Hall, porque estos consideraban que la obra más reciente del escritor, Martin Chuzzlewit,  había sido un fracaso comercial.  Debido a ello, Dickens decidió costear con recursos propios la impresión de Canción de Navidad

La producción de la novela corta se vio envuelta en un sin fin de complicaciones que comenzaron con la primera impresión, cuyo papel para las guardas de color oliva pardusco Dickens consideró inaceptable; así pues, los editores se vieron obligados a remplazarlo de inmediato por otro de color amarillo. Los desacuerdos continuaron con relación a la página del título, y finalmente la obra quedo impresa dos días antes de la fecha prevista para su presentación: el 17 de diciembre, una semana antes del día de Navidad del año 1843.

Con un precio de cinco chelines, el equivalente, en 2018, a veintitrés libras esterlinas,  la primera tirada, de seis mil ejemplares, se agotó para Nochebuena.  La editorial Champan & Hall publicó una segunda y tercera ediciónes antes del Año Nuevo. Las ventas se mantuvieron constantes hasta bien entrado el año 1844. Para finales de ese año se habían agotado ya otras once ediciones.  A pesar de su gran exito, un año después, los beneficios de Charles Dickens no superaban las 744 libras esterlinas.

Desde su publicación, el libro se ha impreso en ediciones de lujo, rústicas y de bolsillo; ha sido traducido a diversos idiomas y jamás ha dejado de imprimirse.  Es el libro más vendido de Dickens en los Estados Unidos, donde, en el siglo posterior a su publicación, vendió más de dos millones de ejemplares. La novela corta se llevó a los escenarios casi de inmediato. El 5 de febrero de 1844 se estrenaron tres producciones teatrales en el Reino Unido. Además, es uno de los relatos con mas adaptaciones al cine y la televisión. En 1901 se produjo Scrooge, o Marley’s Ghost, una película en blanco y negro, considerada la primera versión cinematográfica de la obra. En 1923, la historia se adaptó también para la BBC Radio. Entre sus tantas adaptaciones, se incluyen la ópera, el ballet, un musical de Broadway, animación y una producción de mimo de la BBC protagonizada por Marcel Marceau.


“Cuento de Navidad fue un éxito desde que vio la luz”, afirma Louisa Price, curadora del Museo Charles Dickens en Londres. “En una época del año donde era una tradición contar historias de fantasmas alrededor del fuego, Dickens escribió su historia sabiendo que sería leída en voz alta”, señala Price.


Louisa Price, curadora del Museo Charles Dickens en Londres con el corresponsal Mo Rocca de CBS News. Foto: CBS News.



Daguerrotipo de Charles Dickens en 1852, probablemente la primera fotografía que se conozca del autor, realizada por Antoine François Jean Claudet. El fotógrafo francés, establecido en Londres y considerado como uno de los pioneros de la fotografía, disponía desde 1839  de una licencia para usar la patente del daguerrotipo, por lo que fue uno de los primeros fotógrafos en hacer retratos en Inglaterra.


Para el año 1849, seis años después de la aparición de Canción de Navidad, Dickens estaba muy ocupado escribiendo su obra mas reciente David Copperfield, y sin tiempo para escribir otra historia sobre la Navidad. Decidió entonces que la mejor forma de hacer llegar a su audiencia su  “filosofía del villancico”  era mediante la lectura en público de su novela corta. Así, durante la Navidad de 1852, Dickens leyó personalmente la obra en el Ayuntamiento de Birmingham en un acto organizado junto con el Industrial and Literary Institute que resultó ser un gran éxito.

Charles Dickens en una de sus lecturas públicas. 

Charles Dickens en el escenario del Boston Tremont Temple en diciembre de 1867. La ilustración probablemente representa la noche inaugural. Grabado sobre madera de Charles A. Barry, publicado en Harper’s Weekly, v. 11, no. 571, 7 December 1867, p. 777.



Charles Dickens leyendo a dos de sus hijas en el patio de su casa de Gad’s Hill Place, fotografiado por Robert Hindry

A partir de ese momento en 1852, Charles Dickens leería, hasta el año de su muerte en 1870, una versión abreviada de Canción de Navidad en 127 ocasiones que fueron consideradas memorables. 


Si quieres saber más acerca de esta historia
y sobre la vida de Charles Dickens
puedes pasearte por aquí.
Canción de Navidad
De Coral Gables a Hollywood

La fuente de inspiración

Si eres amante de la literatura y la historia, y tienes curiosidad, puedes leer el famoso discurso político y social que  Charles Dickens pronunció en el Manchester Athenaeum en 1843.

Discurso Charles Dickens, 1843

Y si eres un verdadero fan de Charles Dickens y visitas la ciudad de Londres, durante cualquier época del año, puedes hacer el recorrido de los pasos del autor inglés. Durante la época navideña tiene programas especiales de Canción de Navidad

Proust, escribir y vivir de café y croissants.

Marcel Proust era un hombre de desayunos.  Aunque durante buena parte de sus años de juventud, fue un socialité consumado, con una vida mundana y disipada, durante los últimos quince años de su vida, en el periodo en el que escribió su obra cumbre En busca del tiempo perdido, Proust vivió recluido en su propiedad ubicada en el 102 del Boulevard Haussmann en París, donde hizo cubrir las paredes de corcho para aislarse de ruidos y dedicarse, sin ser molestado, a escribir su obra maestra. Prácticamente vivía a base de café con leche y croissants casi como único alimento.


Marcel Proust y su hermano Robert en 1882 a los 11 años. 

Valentin Louis Georges Eugène Marcel Proust nació en el aristocrático barrio parisino de Auteuil, el 10 de julio de 1871, en el seno de una familia acomodada y cultivada. Su padre, Adrian Proust, fue un médico epidemiologo de renombre internacional, profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de París (La Sorbona), también consejero del gobierno en asuntos de sanidad. Jeanne Clemence Weil, su madre, una judía alsaciana nieta de un antiguo ministro de Justicia, era una mujer de una amplia y sólida cultura. Por ello,  Proust siempre gozó de una educación, posición social y situación económica privilegiada. 

Proust tuvo una salud tan frágil desde su nacimiento que su padre temió que no sobreviviera, por lo cual tuvo una niñez sobre protegida.  Manifestaba signos de una inteligencia y una sensibilidad precoces, pero su salud permanecería delicada durante toda su vida, sufriendo su primer ataque severo de asma a los nueve años. 

Marcel Proust, en la segunda fila, el primero a la izquierda, junto a sus compañeros de clase del Liceo Condorcet.
Marcel Proust en una velada en el aristocrático Hotel Ritz de Paris.
Fotografia de Gérard Bertrand de la Colección “Marcel Proust Recomposed”.

De joven comenzó a frecuentar los círculos aristocráticos, lo cual le permitió alternar con los escritores, artistas e intelectuales más renombrados de la época y que, al mismo tiempo, le valió la fama de snob;  fama sobre la cual André Gide, escritor e influyente editor de la Nouvelle Revue Francaise (NRF) se basaría, algunos años después,  para rechazar el manuscrito de À la recherche du temps perdu, casi sin leerlo. En esa época surge el famoso Cuestionario de Proust

Gracias a su posición social y a la fortuna familiar, Proust pudo dedicarse exclusiva y tranquilamente a escribir, aunque sin mucho éxito durante los primeros años.

Su obra cumbre En busca del tiempo perdido cuyo título original en francés es À la recherche du temps perdu, compuesta de siete volúmenes, publicados entre 1913 y 1927, constituye una de las obras cumbre del siglo XX,  con una gran influencia en el campo de la literatura, filosofía y la teoría del arte.


La coreografía del café y el croissant…

En 1905, tras la muerte de sus padres, especialmente la de su madre, su frágil salud se deterioro aún más, sumido en una gran depresión y Proust permaneció casi recluido en su residencia ubicada en 102 del Boulevard Haussmann en París. Escribía exclusivamente de noche, tomando café en grandes cantidades y casi sin comer, cuenta Céleste Albaret, su fiel ama de llaves durante esos años. 

En el libro de sus memorias, Céleste cuenta que Proust nunca dejaba de escribir y de hacer interminables correcciones a sus textos, supresión y añadidos en papeles que ella se encargaba de pegar en las páginas correspondientes y que alcanzaban considerables extensiones.  

A medida que su enfermedad empeoraba, su necesidad de escribir comenzó a suprimir su deseo de comer, y el desayuno se convirtió en la comida preferida de Proust.  En lugar de las icónicas “magdalenas y el té” que se hicieron famosas a través de su novela, Por el camino de Swann / Du côté de chez Swann, publicada en 1913 por cuenta del propio autor, el verdadero Marcel exigía croissants y café con leche. Céleste se los llevaba a la cama mientras él leía el periódico, generalmente al medio día. Marcel mojaba con parsimonia su croissant en el café y comía poco más durante el resto del día. Céleste Albaret cuenta que se maravillaba de la capacidad del escritor para vivir con tan poco, después de años de ser un comedor hedonista. 

La rutina de servir el café y el croissant era un arte delicado en la residencia de Proust. Cuando contrataron a Céleste, ella aprendió la intrincada coreografía del desayuno: traiga a Marcel el croissant # 1 con su café, pero asegúrese de tener el croissant # 2 a la mano en caso de que se requiera pastelería adicional. Cualquier retraso en servirlo sería un alto delito, escribe Albaret. “Pon el platillo con el croissant en la bandeja y vete”, le instruyeron. “Hagas lo que hagas, no digas nada”.

“Lo más extraordinario era cómo podía sobrevivir y trabajar, enfermo como era, …viviendo en las sombras de alimentos que había conocido y amado en el pasado”. 

 Céleste Albaret

En el mes de septiembre de 1922, Proust sufrió una severa crisis de asma. El 10 de octubre salió a la calle por última vez, y una semana después sus médicos le diagnosticaron una neumonía severa. Sin haber concluido totalmente su obra, a los 51 años, murió el 18 noviembre de 1922 en París.  

Robert Proust,  convertido en un prominente cirujano y quien siempre apoyó activamente la carrera de escritor de su hermano mayor, después de la temprana muerte de Marcel, editó y organizó los últimos tres volúmenes de la obra para su publicación. Tomaría personalmente a su cargo la edición de los manuscritos, cuyas publicaciones fueron apareciendo una a una hasta que en 1927 se publicó el tomo séptimo y último: El tiempo recobrado /Le temps retrouvé. Su extensa correspondencia tambien sería recopilada y las últimas piezas fueron publicadas en el año 2012.

Puedes leer su biografía completa aquí:


¿ Quién fue Céleste Albaret?

Céleste Albaret  fue una muchacha de provincia, nacida en 1891 en Auxillac, una región del sur de Francia conocida como Languedoc-Roussillon. Se trasladó a París en 1913 al contraer matrimonio con un taxista parisino de nombre Odilon Albaret.  El taxista tenía entre sus clientes más asiduos al celebre escritor Marcel Proust.

Solitaria y aburrida en la gran ciudad, y por sugerencia de su marido, Albaret comenzó a hacer algunas diligencias para Proust. En poco tiempo se convirtió en su secretaria y ama de llaves. Durante la última década de la vida de Proust, su salud declinó enormemente y Céleste se convirtió en su enfermera y en “el conducto más confiable para el mundo del escritor, más allá de su recluida habitación recubierta de corcho”.

Albaret permaneció ferozmente leal a su famoso empleador hasta mucho después de la muerte de Proust en 1922. A medida que la reputación póstuma de Proust aumentaba, para Céleste fue un punto de honor rechazar la publicidad y evitar cualquier mención de la vida personal del escritor que pudiera haber sido considerada como una deslealtad. 

“Mi querido Céleste sabes todo sobre mí. No sabes cuántas personas vendrán a verte después de que yo haya muerto. Y, por supuesto, no lo harás. Responde, te conozco.”

Céleste y su esposo Odilon Albaret

Después de la muerte de Proust, Céleste y su esposo abrieron el Hotel Alsace Lorraine, en Rue des Canettes en París, que más tarde pasó a llamarse Hotel La Perle y que la pareja regentaba junto con su hija, Odile.

Odilon Albaret, murió en 1960, para cuyo momento la mayor parte de las celebridades que Céleste había conocido como joven, gracias a Proust, habían desaparecido. Sin embargo, la reputación de Proust perduró y durante la década de 1960 Céleste fue redescubierta por los miembros del establishment de las artes y la cultura francesa.

Otra personalidad que mostró gran interés en los recuerdos de Céleste  Albaret sobre sus años junto a Marcel Proust fue el coleccionista, filántropo y apasionado bibliófilo Jacques Guérin, considerado por los críticos “no sólo un coleccionista, sino un salvador de todo lo que se refiere a Proust”.

Gracias a los consejos de Jacques Guérin, a principios de la década de 1970, Céleste rompió su silencio de cincuenta años sobre su experiencia al lado de Marcel Proust. Después de observar que otros, menos escrupulosos que ella, habían hablado y escrito cosas sobre los asuntos personales de Proust que no siempre eran ciertas, revelo su experiencia junto al íconico escritor.  Decidió cumplir su último deber con el que siempre le había dicho “usted es quien cerrará mi ojos cuando muera”  y que con gran cariño se refería ella como  “mi querida Céleste”.

Céleste Albaret  posa al pie de la cama  de la habitacion de Marcel Proust reconstruida por   el coleccionsita Jacques Guérin en 1953. 



A raiz de eso, Céleste Albaret dictó setenta horas de material grabado al conocido biográfo, periodista y traductor Georges Belmont. El resultado  fue el libro Monsieur Proust: Souvenirs recueillis par Georges Belmont / Monsieur Proust: Recuerdos de Georges Belmont publicado en 1973. 

El libro de Belmont fue bien recibido por los críticos y también resonó más allá de la élite literaria. Fue traducido a varios idiomas incluyendo el inglés.

Céleste también accedio a vender a Jacques Guérin, para su colección de artículos de Proust, algunos obsequios personales que este le había regalado durante los largos años que estuvo a su servicio, y que se han convertido en los tesoros “proustianos”  más cotizados entre los fanáticos y coleccionistas franceses.

Puedes encontrar el libro Monsieur Proust en Amazon.

Céleste Albert fotografiada por Séamas McSwiney en 1981

Pocos años antes de su muerte, en homenaje a una mujer notable que participó íntimamente en un elemento central de la historia literaria de Francia, y que personalmente contribuyó de manera práctica a la creación y preservación de textos históricos,  Céleste Albaret fue condecorada con la Orden de Artes y Letras de Francia.  

Vivió los últimos años de su vida en una moderna casa al oeste de París, en Montfort l’Amaury, cerca de la residencia de Maurice Ravel, de la cual fue cuidadora durante muchos años. Murio a los 94 años el 25 de abril de 1984


La última foto de Marcel

Man Ray

 © Man Ray Trust ARS-ADAGP

En 1922, Man Ray (Emmanuel Radnitsky) apenas tenía un año viviendo en Montparnasse, París, uno de los barrios predilectos de los intelectuales de la época, cuando su amigo, el poeta, escritor y diseñador Jean Cocteau le pidió que fotografiara a su también buen amigo, el escritor Marcel Prouest, en su leche de muerte. 

Cocteau, quien aunque bastante menor, era un buen amigo de Marcel y ambos se habían educado en el aristocrático Lycée Condorcet en París, aunque en épocas diferentes. Conocido en los círculos artísticos bohemios como “el príncipe frívolo”, Cocteau pidió a su amigo, el ya famoso y vanguardista fotógrafo americano recien llegado a Paris, que tomara una fotografía póstuma a su amigo Marcel. 

Man Ray, que en ese momento tenía 32 años y que no conocía personalmente a Proust, a petición de su amigo, realizó la fotografía el 20 de noviembre de 1922, dos días después del fallecimiento del escritor.  La impresión fotográfica, que es una copia en gelatina de plata, tiene un tamaño de 15.1 × 19.8 cm y se encuentra en el J. Paul Getty Museum, en la ciudad de Los Angeles, USA.

Durante los siguientes 20 años en Montparnasse, Man Ray se convirtió en un destacado fotógrafo y retratista. Importantes personalidades del mundo intelectual y social, como James Joyce, Gertrude Stein, Jean Cocteau, Bridget Bate Tichenor  y Antonin Artaud, posaron para su cámara.


Visitas obligatorias

Si te interesa el tema, no dejes de visitar estas páginas donde encontraras información interesantísima. 

También puedes visitar nuestros post anteriores de la serie

Escritores que amaron el café 

DE MARCEL PROUST

A los 96 años de su muerte

Paris, 10 de julio de 1871 – 18 de noviembre de 1922


El recuerdo de las cosas del pasado,


no necesariamente es el recuerdo de las cosas como eran.



Marcel Proust

De Leonardo Padrón

MI CASA

Quiero compartir un fragmento de La casa grande del admirado escritor venezolano Leonardo Padrón, porque me siento, como tantos otros, profundamente representada en sus palabras. Así que desde este rincón, respetuosamente se las pido prestadas y las ilustro con algunas de mis fotografías.

“Mi casa, si me pongo específico, limita al norte con la fiesta que es el Caribe, al sur con la selva fantástica de Brasil, al oeste con kilómetros de vallenato, cumbia y hermandad y al este con la vastedad del Atlántico y ese litigio histórico, otra vez de moda, que es Guyana. Mi casa tiene el techo azul casi todo el año. Mi casa es un clima de mangas cortas y risa fácil. Mi casa tiene un catálogo de playas irrepetibles. Y si la camino a fondo me topo con la belleza de sus abismos de agua, con la neblina a caballo de sus páramos, con sus árboles redondos, con su sol de tamarindo y papelón”.

“Mi casa tiene 30 millones de habitantes. Tiene un océano de mujeres hermosas, nocturnas y sensuales. Mi casa es una geografía vehemente y delirante. La han llamado Tierra de Gracia, Pequeña Venecia, Norte del Sur, El Dorado, Crisol de Razas, Paraíso Perdido. En mi casa se baila en todas las esquinas, se toma cerveza sin piedad, se coleccionan abrazos, se hace el amor en cada vestíbulo, y se hace el humor hasta el amanecer”.

“En mi casa está mi infancia, mi ventana y mi lámpara, mi postre favorito, mi carro, mi lista de amigos, mi cine recurrente, mi ruta de librerías, mi estadio de beisbol, mi zona de costumbre y apegos. El sol nace y se pone en mi casa”.

“Resulta que mi razón de ser, lo que me explica y define, limita por todas partes con mi casa. Este es el domicilio de mis entusiasmos y obsesiones. Tengo una vida entera en ella. Y una vida entera es mucho tiempo. Es todo el tiempo. Una vida amueblada por mis años, mis logros y mis mejores fracasos”.

“Y sucede que a pesar de todo eso, tengo que explicar por qué no me quiero ir de mi casa”.


Leonardo Padrón

Poeta, guionista de cine y televisión, cronista, editor, locutor. Nace en Caracas, Venezuela, el 12 de Noviembre de 1959. Comenzó estudiando Letras en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), y posteriormente se dedicó a la docencia, trabajando en la UCAB, la Universidad de los Andes, la Universidad de Salamanca (España), el Museo de Bellas Artes, y el Instituto de Creatividad y Comunicación (ICREA). Ha agotado varias ediciones de sus libros y ha sido editado en Colombia, Argentina, Austria y Bulgaria. Premio de Poesía UCAB y Premio Fundarte de Ensayo. En el cine ha logrado el Premio Municipal de Cine, el Premio de la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos y el Premio Fundavisual Latina por películas que han roto récord de permanencia en cartelera.

 http://leonardopadron.com


 

La fiesta celta que se convirtió en Halloween

 

 

 

El mundo mágico de los Celtas se rige por la rueda del tiempo que marca ocho festividades fundamentales para el desarrollo personal. Estos ritos antiguos se relacionaban  estrechamente con los cambios estacionales, los solsticios, equinoccios, las épocas de cosecha y siembra.

Hoy nos interesa la celebración de SAMHAIN,  la noche del 31 de octubre, que marca el inicio del año nuevo celta, momento en el que se abren las puertas del sidh, o el más allá del Velo de la Niebla,  a mundos paralelos dando lugar a un periodo de introspección y meditación. Los orígenes de la popular celebración contemporánea de Halloween se remontan a esta antigua fiesta y proviene de la palabra celta “sa’uin”.

 

 

Celebraban el año nuevo el día 1ro de noviembre, que marcaba el final del verano y la cosecha, así como el comienzo del invierno oscuro y frío, una época del año que se asocia a menudo con la muerte humana y la introspección y que guarda un paralelismo en la naturaleza con el sol que pierde fuerza, hay menos luz y los ritmos de crecimiento de la naturaleza son más lentos.

Los Celtas creían que la noche antes del año nuevo era la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos cuya línea se volvía casi imperceptible. Pensaban que el espíritu de los muertos regresaba a la tierra y además de causar algunos problemas y dañar las cosechas, la presencia de los espíritus hacia más fácil las predicciones sobre el futuro para los druidas o sacerdotes celtas. Estas profecías eran una importante fuente de consuelo y dirección durante el largo y oscuro invierno para un pueblo totalmente dependiente de la naturaleza.

 

© Paloma García

 

La concepción del tiempo celta

El tiempo céltico se concibe como un recorrido circular que siempre regresa a la misma posición. El año está dividido en dos tiempos: el de  la luz y el de la oscuridad. El comienzo del año se considera como la llegada de la oscuridad, con la celebración de Samhain a primeros de noviembre. El periódo del año con luz se inicia con la celebración de Beltain el día primero de mayo.

Con la anteposición en importancia de la noche al día, la luna al sol y la oscuridad a la luz, los celtas comenzaban el año en noviembre, en el corazón de la instrospección y la oscuridad.

 


 

Los territorios celtas

En la cultura celta se aprecian dos grandes periodos dentro de la Edad de Hierro. Uno es el de Hallstatt, que se extendió entre los años 800 y 500 a.C., y el otro es el de La Tène, que duró entre 500 a.C. y 50 d.C..

Tuvo su núcleo en los Alpes extendiéndose por el centro y parte del este de Europa, Francia, oeste de la península ibérica, y las islas británicas donde habitaron durante siglos. Esos territorios  hoy los conocemos como Escocia,  Irlanda, el Reino Unido, el norte de Francia y el oeste de España.

 

La curz celta

 

Las Creencias

 

 

Según afirman la mayoría de las fuentes históricas, el festival de Samhain duraba tres días y tres noches. Se conmemoraba el inicio de la estación muerta del año, en la cual campos y seres vivos dormían a la espera de la próxima primavera. Así lo explica la doctora en historia Margarita Barrera Cañellas de la Universidad Complutense de Madrid en un interesante estudio.

Las creencias de los druidas afirmaban que, en la noche del 31 de octubre, la deidad Samhain convocaba a los muertos para que pasasen “al otro lado”. Es decir, del mundo de los fallecidos, al de los vivos. Estos espíritus podían llegar al “más acá” de dos formas atendiendo a si habían sido “buenos” o “malos”.

Si el dios consideraba que no habían cumplido con sus deberes, hacía que se reencarnaran en animales tras el ocaso. Por el contrario, aquellos que habían obrado acorde a lo que quería la deidad eran libres de visitar a sus familiares con su forma humana y pasar unas horas en sus antiguos hogares antes de regresar al limbo.

Era una celebración esotérica especialmente importante para los druidas quienes la consideraban como el momento más propicio para las artes mágicas y en especial, las adivinatorias y de predicción sobre el nuevo año.

El dios Samhain

Era, en definitiva, una jornada mágica en el sentido más literal de la palabra en la que el miedo a los muertos se mezclaba con la esperanza de recordar a un familiar que hubiese dejado este mundo, explica la historiadora española en su interesante investigación  que fue  publicada por la Universidad Complutense.

 

 


 

Los celtas creían que el 31 de octubre desaparecía el velo existente entre el presente, el pasado y el futuro.

 

 

La Ceremonia

 

Durante las celebraciones se practicaban varios rituales durante tres días. Se apagaban todos los fuegos que hubiese encendidos en las casas con dos objetivos: evitar que los espíritus errantes -los malvados- entrasen en las viviendas al considerarlas frías; y simbolizar la llegada de la estación “muerta” y oscura del año. De esta forma, los diferentes pueblos se quedaban totalmente a oscuras y solo eran iluminados por las hogueras gigantescas que los druidas encendían en las colinas.

Los druidas o clase sacerdotal celta encendían nuevos fuegos centrales en las colinas como símbolo del renacimiento de la naturaleza y de la vida durante la noche de Samhain.

En las inmensas hogueras que eran los “nuevos fuegos” que  preparaban los druidas como parte de la ceremonia, se quemaban principalmente ramas de roble, árbol sagrado para los celtas, y ofrendas de frutos, animales y todo tipo de objetos que los jóvenes reunían en los días previos a la celebración. ¿Cómo lo hacían? Mediante una tradición que se mantiene en la actualidad: pidiendo materiales de casa en casa para la gran hoguera. Al día siguiente en las cenizas y restos de huesos calcinados los druidas leían el futuro de la comunidad  para el nuevo año que comenzaba.

El fuego era un elemento central de la celebración de Samhain, pues se creía que con él se lograba espantar a los espíritus malignos que, enfadados por haber sido castigados por el dios de la muerte, se dedicaban a hacer tretas a los vivos.

Utilizaban trajes compuestos de cabezas y pieles de animales y danzaban alrededor de la fogata.

Durante tres días y tres noches se restablecía la comunicación entre los seres humanos y los seres mágicos: difuntos, dioses y  hadas. 

Las casas permanecían abiertas y la cena preparada para cualquier buen espíritu que se dignara a aceptar la hospitalidad o seres queridos que regresaban a visitar. 

Al finalizar la celebración se prendían nuevamente los fuegos del hogar, que se habían extinguido la noche antes de la hoguera sagrada, 

 

Prohibida y cambiada

La celebración de Samhain, tal como la practicaban los antiguos, continuó hasta el siglo I d. C., cuando los romanos llegaron hasta Britannia de manos de Claudio y sus legiones.

Para el año 43 d.C. el Imperio romano había conquistado la mayor parte del territorio celta. En el curso de los cuatrocientos años que gobernaron esas tierras, dos festivales de origen romano se combinaron con la tradicional celebración celta de Samhain. El primero fue Feralia, un día de finales de octubre, cuando los romanos tradicionalmente conmemoran el paso de los muertos. El segundo fue un día para honrar a Pomona, la diosa romana de la fruta y los árboles, especialmente de la manzana.  El símbolo de Pomona y la fusión de esta celebración con el Samhain da lugar a  la tradición de las manzanas presentes en Halloween.

Bajo el dominio romano estas fiestas fueron aceptadas pero el pueblo jamás olvidó sus creencias y las celebraba usando grotescas máscaras y danzando alrededor de una gran fogata pretendiendo que eran perseguidos por los malos espíritus, tal como en la antigüedad.

Con el paso de los años y aprovechando la civilización romana, la Iglesia Católica dio una vuelta de tuerca más al festival de Samhain para tratar de eliminar definitivamente las creencias celtas, consideradas paganas. Así, en el siglo VIII d.C. el Papa Gregorio III, implantó la fiesta de los Mártires Cristianos el día 1 de Noviembre, haciéndola coincidir con la fecha de la celebración de Samhain. Luego, el Papa Gregorio IV, en el año 840 amplía esta celebración a todos los santos del panteón cristiano.  Fue en esa época cuando se cambió el nombre del festival a  “All Hallow’s Eve”, término que derivaría posteriormente en el actual Halloween.

Día de todos los Santos (1423-24) – Fra Angelico – Pintura al temple sobre madera 31,9 x 63,5 cm  – National Gallery, Londres

 

 

 

 

 

En la actualidad el Festival de Samhain continúa
celebrándose en Escocia.

 

 

Filmado y editado por  Mariella Pacey en el  Beltane Fire Society’s Samhuinn Fire Festival 2015 el 31 de  Octobubre de 2015 en Grassmarket, Edinburgh, Escocia.

 

 

Espectáculo con motivo de la festividad de Samhain en el Castillo de Glamis, Angus, Escocia.

 


Nota del Autor

Cabe destacar que la cultura celta, especialmente sus ritos, mitos y ceremonias eran transmitidas por la tradición oral de los druidas a sus pupilos. Como cultura no dejaron un legado escrito. Por ello, la mayor cantidad de información que se tiene de estas tradiciones proviene de historiadores y autores romanos y griegos y posteriormente de los cristianos.

 


 

SI ERES AMANTE DE LA LITERATURA sobre mitos y leyendas esta es una buena lectura para la temporada.

 

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https://www.goodreads.com/book/show/7881699-el-libro-de-merlin-un-libro-de-magia-encantamientos-y-conjuros


Enlaces relacionados:

Margarita Barrera Cañellas

http://biblioteca.ucm.es/tesis/ghi/ucm-t26709.pdf